JOSE DE LA CUADRA
José de la Cuadra (Guayaquil, 1903-1941) Escritor ecuatoriano cuyos cuentos figuran entre los más importantes de la narrativa de su país. Formó parte del Grupo de Guayaquil o Grupo de los Cinco, acaso el más significativo movimiento del siglo XX para la evolución de la prosa en Ecuador.
Cursó los estudios de Derecho y fue profesor de la Universidad en su ciudad natal; ocupó un alto cargo en la administración pública (1939). Sus ideas socialistas lo inclinaron hacia una literatura de fondo social, de realismo dramático, en estilo cuidado y musicalmente vigoroso. En la narración breve se encuentran sus mejores logros, uno de ellos Banda del pueblo, incluido en su colección Horno (1932). Otros libros suyos de cuentos son Repisas (1931), El amor que dormía y Guasinton: historia de un lagarto montuvio (1938). En El amor que dormía (1930) reúne cuentos publicados ya anteriormente: el que da título al libro (1926), Madrecita falsa (1923), La vuelta de la locura e Incomprensión (1926) y El maestro de escuela (1929).
Como sus compañeros, De la Cuadra mantuvo siempre un compromiso abierto con la sociedad. Militante de la cultura popular, sus relatos intentan de diversas maneras acercarse a la "naturaleza" misma del hombre común (Guásinton, 1938). Esta búsqueda pasaría por la redacción de la novela Los Sangurimas, en 1934. La obra presenta la historia de una familia campesina costeña que vive bajo su propia lógica patriarcal de comunidad cerrada, dominada por relaciones incestuosas en medio de un clima asfixiante de violencia, que genera un lugar inestable en términos de modernidad, justicia y civilización
Obras
- Novela: "Olga Catalina" (1925); "Perlita Lila" (1925)
- Cuento: "El amor que dormía" (1930); "Repisas" (1931); "Homos" (1932); "Los Sangurimas" (1934); "Guashingtón" (1938); "Los monos enloquecidos" (1941) inconclusa por su muerte.
- Ensayo: "El montubio ecuatoriano" (1937)
Podría considerarse a José de la Cuadra como el mejor
exponente del realismo mágico del
Ecuador y el primero de Latinoamérica, en especial por sus obras sobre la
temática montubia, es decir la relativa a la vida del campesino costeño, muy
distinta a la del indígena serrano. La mejor obra que expone ello es "Los
Sangurimas", obra en la que relata la vida de una familia costeña, cuya
existencia gira alrededor de su patriarca Nicasio Sangurima, hombre centenario,
rodeado de misterio, del que se cuentan terribles y demoniacas leyendas, cada
una más sangrienta que la anterior.
Son notables también muchos de sus cuentos, como
Guasinton, la Tigra, Chichería, el Fin de la Teresita, etc. Resalta entre ellos
la oda a la vida y captura del lagarto Guasinton y los deseos de alcanzar un
mejor nivel de vida del cuento "Chicheria".
Algunas de sus obras han sido llevadas al cine, tal es
el caso de "La Tigra"
y "Los Sangurimas"
·
Abogado
·
Profesor
del colegio Vicente Rocafuerte
·
Vicerrector
del colegio Vicente Rocafuerte
·
Subsecretario
de Gobierno
·
Secretario
general de administración pública
·
Visitador
consular
·
Delegado
del Gobierno para el estudio de leyes
·
Escritor
·
Presidente
del Centro Universitario de Guayaquil
Presidente de la Federación del Sur de Estudiantes
Universitarios José de la Cuadra nació en Guayaquil, el 3 de septiembre de 1903. Su infancia desarrollo en una relativa estrechez económica.
De la Cuadra realizó sus estudios en su ciudad natal. En 1921, culminó el bachillerato en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, y en 1929, se graduó de abogado en la Universidad de Guayaquil.
La vida universitaria De la Cuadra fue alternada con el magisterio, el periodismo, la política y la literatura. Desempeñó las funciones de profesor de Moral y Gramática en el Colegio Vicente Rocafuerte; también fue bibliotecario y, con los años Vicerrector del mismo plantel.
Las primeras incursiones literarias pertenecen a su época de colegial. Durante 1919-1920 formó parte de la redacción de la revista “Juventud Estudiosa”. En ella colaboraron, entre otros bandos, Medardo Ángel Silva, José Maria Egas, Jorge Carrera Andrade, Augusto Arias, Gonzalo Escudero, todos ellos cultivadores del “retrasado modernismo ecuatoriano” del que José de la Cuadra no se pudo sustraer. De allí que las primeras publicaciones tengan esta influencia. En la ya mencionada “Sangre de Incas. A la memoria de Santo Chocano”, “A la pálida”.
A la época del estudiante universitario corresponden sus primeras actividades políticas. Fue presidente del “Centro Universitario de Guayaquil” y de “La Federación del Sur de Estudiantes Ecuatorianos”. En 1925, en unión de sus coidearios, fundó “la Universidad Popular”.
Es probable que en 1931 haya escrito “Los monos enloquecidos”. Así lo indica de la Cuadra por medio de las palabras “del protagonista al autor”, que sirven de introducción a la obra, sin embargo, el texto inconcluso de esta obra no se publico hasta 1951.
Desde 1931 hasta 1935, De la Cuadra colaboró en revista “Semana Grafica”, publicada por la editorial “El Telégrafo”.
En 1932 sale a la luz, en España, una colección de cuentos titulada “La vuelta de la locura”. Eran seis relatos de los cuales cinco habían formado parte “El amor que dormía”, y otro, había integrado “Repisas”.
En 1932 se publico la primera edición de “Horno”. El libro comprendía once cuentos; en estas páginas campea “el dolor, la venganza, la miseria, las aberraciones sexuales, reclamando enmiendas”. Una segunda edición data de 1940, y en ella se incluye “La tigra”.
En 1933, aparecieron una serie de artículos literarios, tanto en periódicos nacionales como en revistas extranjeras. En la Revista “Americana” de Buenos Aires se publicaron: “Iniciación de la novelística ecuatoriana”, “Advenimiento literario del montubio” y “¿Feísmo? ¿Realismo¿”. En la Revista “Claridad”, también de Buenos Aires, publico un artículo dedicado a la poesía de Gonzalo Escudero y, en Guayaquil, escribió para “El Telégrafo” “Personajes en busca de autor”,
La gran obre narrativa de José de la Cuadra, “Los Sangurimas”, fue publicada en Madrid en 1934. Contenía además cinco cuentos: “Sangre expiatoria”, “Candado”, “Calor de yunga”, “Barraganía” y “Shishi la chiva”.
En 1937, publicó en el editorial “Imán” de Buenos Aires, su ensayo sobre el montubio ecuatoriano. En este tratado, de la Cuadra recoge todos sus conocimientos sobre el alma y costumbres del hombre de nuestro litoral.
El 14 de octubre de 1937, aparece “Ecuador, país sin danza”, este es un ensayo en el cual indica las razones por las que, según el autor, nuestro pueblo no baila.
En 1937 interviene nuevamente en la política. Fue Secretario General de la administración del General Alberto Enríquez.
En 1938, mientras trabajaba en el Gobierno de Enríquez, fue designado agente consular, cargo que le permitió visitar distintos países de Sudamérica y ponerse en contacto con notables escritores.
En 1938, publicó su ultimo libre “Guasinton”. Se trata de una colección de catorce cuentos, dos crónicas y seis reseñas que comprenden diferentes momentos de su creatividad literaria y, por lo tanto, datan de diferentes fechas; unas incluso, no se han podido precisar.
En 1938, se imprimió el Folleto “Sanagüin, novela azuaya”.
En 1940, apareció en la revista “Hombre de América”, de Buenos Aires, el cuento “Galleros”; lo fabulesco y lo legendario van a caracterizar este relato.
José de la Cuadra falleció en su ciudad natal, el 2 de febrero de 1941, en plena actividad literaria, cuando proyectaba escribir dos biografías, una, sobre el General Eloy Alfaro y, otra sobre Pedro Montero, caudillos liberales ecuatorianos.
SUS OBRAS LITERARIAS
Es evidente que su temprana
madurez hizo notar en los años treinta, con una producción que no cesaba de
aparecer bajo el rigor de una clarísima inteligencia y las demandas de un gusto
bien cultivado. En todo el corto lapso de menos de un decenio, consiguió de la
Cuadra la creación de cuentos, novelas, artículos y ensayos, que tienen mas
cualidades de solidez y gracia que los trabajos que otros se han esforzado en
realizar en un tiempo tres veces mayor. Y ellos, a pesar de que de la Cuadra
sentía repugnancia por la improvisación, vicio de mediocres. Pero las
tentativas reveladoras dataron de la época de su adolescencia. Esto es, de
cuando el autor apenas contaba dieciséis años de edad. Para entonces demostraba
ya un talento fecundo, que naturalmente vacilaba -eso es lo que conmueve por
ser signo de honradez intelectual en el periodo difícil de la iniciación- entre
inexperiencias de técnica, debilidades en el enfrentamiento a los asuntos,
inestable dominio del lenguaje literario.Entre sus principales obras son:
·
Oro
de sol (1925)
·
Nieta
de Libertadores
·
El
extraño paladín
·
El
amor que dormía (1930)
·
Repisas
(1931)
·
Horno
·
La
Tigra
·
Los
Sangurimas (1934)
·
Los
monos enloquecidos (1951)
.ünui.r Lu Pacto Satánicoos
montuvios juraban que ño Nicasio tenía firmado pacto con el diablo. —
¿De veras? — Claro. _ Eso sucedía en un tiempo antiguo. Ahora ya no
pasa. — Pero es que ustedes no saben. Ño Nicasio es viejísimo. — ¿Más
que la sarna? — ¡No arrempuje!... Pero más que el matapalo grande de los Solises. —
¡Ah!...Alguno aludía hasta al instrumento
del pacto: — Mi abuelo, que fue sembrador de ño Sangurima en la hacienda,
lo vido. Estaba hechoen un cuero de ternero
que no había nacido por donde es de nacer. — ¿Cómo? — Sí, de
un ternero sacado abriéndole la barriga a la vaca preñada... Ahí estaba...
Escrito con sangre humana.• — ¿De Ño Nicasio?'•*•-<'
^!;f-' -•'- "• ¡:i«- — No, de una doncella menstruada.-
.^u'i;-, — ¡Ah! — ¿Y dónde lo tiene guardado el documento?;• —
En un ataúd. En el cementerio del Salitre, dicen. Enterrado. — ¿Y por qué,
ah? — El diablo no puede entrar al cementerio. Es sagrado. Y no le puede
cobrar a ñoSangurima. Ño Sangurima se ríe
del diablo. Cuando va por su alma, le dice: «Trae eldocumento pa pagarte». Y el
diablo se muerde el rabo de rabia, porque no27IJosé de la Cuadra puede entrar al camposanto a coger el
documento. Pero se desquita haciendo vivir a ñoSangurima. No Sangurima quiere morirse pa descansar. Ha vivido más que
ningúnhombre de estos lados. El diablo no lo deja morir. Así se desquita el
diablo... —Pero ño Sangurima está muerto por dentro, dicen. c , —Así
ha de ser, seguro.El precioAlgún curioso
interrogaría sobre el precio de la venta. —¿Y cuánto le dio el
Pática a ño Sangurima por el alma? <• —¡Uy! Tierra, plata, vacas,mujeres... Cualquier montuvio viejo intervendría,
entonces: —Ustedes conocen cómo es ahora la hacienda de ño Sangurima:
«La Hondura». Vega enla orilla, no más. Pa
dentro, barranco alto todito. Terreno pa invernar. Lomiales. Másantes no era
así. —¿Y cómo era? —Mi padre contaba que, cuando él era mozo,
eso no era más que un tembladeralgrandísimo.
Por eso la mentaban «La Hondura», que le ha quedado de nombre. —¡Ah!... —Cuando
ño Sangurima se aconchabó con el Malo, com pró el tembladeral... ¿saben en
cuánto?...: en veinte pesos... Padisimular,
él dice ahora que se lo dejó la mama... Pero no esasí... Y en seguida empezó a
secarse el pantano y a brotar tierra sólita... mismamente como cuando cría
carne en una he
rida. ¿Han visto?: s¡>,...... ;•!,"(... —¡Barajo!',•'.•.
.':-..:¡ -.,-. • y:... —Fue por arte del diablo.;•-.• ,.,-..... • ,1 , ' í
ii —Así tiene, pues, que ser..; —Dizque cuando
se muera ño Sangurima, se hundirá la tierra 4e nuevo, y saldrá elagua, que está
debajo no más, esperando. Los
Sangurimas —Así ha de ser, pues.-.-Vi *•• _Así ha de ser.
<:LKh;n *•;, b v^;> •.-• -; •.., . :.-,- ^>,;'.:;--- ' „ ,-./"? I , , .... . ', ,.}.,El entierroHabía otra leyenda de riquezas
llegadas por causas extraordinarias.Aquí se trataba de un entierro que ño
Nicasio habría descubierto. _Claro que fue cosa del diablo también,
como todo. —¿Y cómo fue eso? —Verán. De que ya firmó el pacto malo,
ño Sangurima podía hablar con los muertos.Vido
un día que en una mancha de guadúa ardía una llama. Entonces fue y le dijo a
lacandela: «¿Qué se te ofrece?» La llama se hizo un hombre y le dijo: «Yo soy
el mentadoRiguberto Zambra-no, que viví por estos lados hace un mundo de años.
Tengo una plataguardada, que es para vos. Sácala». No Sangurima dijo que bueno,
y le preguntó que quéhabía que hacer. El muerto le pidió que le mandara a decir
las treinta misas de SanGregorio y las tres de la Santísima Trinidad. No
Sangurima se conformó. «¿Y qué másseñor difunto?», le averiguó. Y entonces fue
lo gordo. El mala-visión le dijo que parasacar el entierro había que regar la
tierra encima con sangre de un niño de tres meses queno hubieran bautizado. —;Yqué hizo ño Sangurima? —Se puso a buscar
un chico así. Dizque le decía a la gente: «Adiós, véndanmelo, yo les pago bien.
Más que por un caballo de paso». Pero la gente no quiso. —Claro.Entonces ño Sangurima dizque agarró y dijo:
«Tengo que hacerlo yo mismo al chico». Élno tenía ni hijos ni mujer todavía.
Estaba mocito, dicen. 2928\José
de la Cuadra —Ahá. —Entonces fue y se sacó a la melada Jesús
Torres, que eramuchacha virgen, y la hizo
parir. Parió un chico mismamente.Y cuando el chico tuvo tres meses, ño
Sangurima lo llevó donde estaba el entierro. Le clavó un cuchillo a la
criatura, regó latierra y sacó afuera el platal del difunto. Dizque era un
platalgrandísimo, en plata goda...-,-•;
:J/. .., ;..-.. —¡AhL.'. :J , ,,;.:';, • —¿Y la melada Jesús
Torres, qué hizo?,: , • —Cuando supo se volvió loca, pues. La llevaron a
^Guayaquil. En el manicomio murió,hace años.
u-¡ ,. .-, , —¿Cuántos?•
El narrador quedaríase pensativo. Voltearía en blanco
los Iojos. Y balbuciría, a la postre:I —Según mis cábulas, a lo menos cien...El más crédulo de sus oyentes fijaría el
colofónindispensable: —Así ha de ser, pues. ; , , m ;,s ' *•••'
••'•."• ! • •>•?'*. CAPÍTULO
IVRectificacionesCuando se le
averiguaba a ño Nicasio Sangurima por la melada Jesús Torres, advertíase ensu
rostro un gesto de contrariedad. _A usté le han contado alguna
pendejada, amigo. Yo no se qué tienen los montuvios paser tan hablantines. De veras les taparía la boca, como a los esteros
pa coger pescado.Igua-lito. Todo andaría más mejor.Sonreía limpiamente, con un
mohín pueril. —Y vea usté. Algo hay de cierto en eso. Pero no como
dicen. —¿Y qué hay de cierto, ño Nicasio? —Yo me saqué a la melada Jesús,
que era hija de un padrino mío de por aquí mismo nomás, y le hice un hijo. El chico era enfermón bastante. Una noche le
dio un aparato comoque se iba a quedar muerto. Yo lo agarré y corrí pa llevarlo
a la casa de mi compadre JoséJurado, que era curandero. En el camino estiró la
pata el angelito, y así fue que lo regresédonde la mama. La melada que vido al
chico muerto, lo mancornó y no quiso soltarlo.Dos días lo tuvo apretado. No
había como quitárselo. El muertecito ya apestaba y tuvimosque zafárselo a la
fuerza. Entonces la nielada se puso a gritar: «Dame a mi hijo», que nohabía
quién la parara... Se estuvo gritando un tiempísimo... Y así fue que se volvió
loca.Yo la mandé a Guayaquil, al manicomio «Lorenzo Ponce». Ahí rindió sus
cuentas conDios a los tres años de eso. —Ah...;i vea, amigo, lo que cuenta la gente inventora...
•Así es, ño Sangurima. ¡ rfflf ; < í¡ - r ¿r : 3130José de la CuadraMazorca de hijosEl viejo
Sangurima se había casado tres veces. Sus dos primeras mujeres murieron
muchotiempo atrás. La última vivía aún, inválida, chochando, encerrada en un
cuarto de la casagrande de «La Hondura».Además, don Nicasio se había amancebado
un sinnúmero de veces, y tenía hijos suyos por todas partes. En los
alrededores y hasta muy lejos. —Hasta en Guayaquil tengo hijos. Es pa que
no se acaben los Sangurimas. ¡Buenasangre,
amigo! ¡Gente de bragueta, con las cosas puestas en su sitio! —¿Y cuántos
hijos mismo tiene, don Nicasio? Si estaba a mano una mazorca de maíz, lamostraba al preguntón. : —Cuente los granos, amigo.
¿Ya los contó? Ese número. —Barajo, don Nicasio.;.,»Hábitos fúnebresDon Nicasio conservaba una respetuosa memoria de sus es posas
fallecidas. No había querido utilizar para sus cadáveres cementerio alguno
"'«
— No; máh lejo..... .•-•'; -a-:./; '.!ÍS^;; •;-ííí •-,i: —¿Onde?. , ••; . ,. ..-: -,.,>'..,\'-. ^ — Onde loh
Calderones...I %•/ — No; onde loh Pita Santoh no máh...-Esto lo dijo Nazario Moneada Vera. Y adivinó. ; —
Máh mejor que sea ayí, a lo meno si está mi compadre Rumuardo... — Quién
sabe está en lah lomah con er ganadito... , — No; al'hijo grande manda. Er
se queda reposando. Ya's-ta viejo mi compadreRumualdo. —Ahá...Y ahora estaban ahí, en las inmediaciones de la
hacienda de los Pita Santos, con elmoribundo. — ¡Ni qui'hubiera apostao
conmigo pa'haderme ganar! — repetía Nazario Moneada Vera. 129128BufaloJosé de la CuadraDespués de un rato,
ordenó: —¡Cárguenlo!Y en la
oreja de los conductores, musitó, recalcando el consejo de antes: —Cuando
tuesa, viren la cara pa que no los'atoque er babeo.Lentamente —«como procesión en plazae pueblo chico»—, adelantó el grupo
hasta lacasa de los Pita Santos, en cuyo portal hizo alto. Nazario
Moneada Vera gritó: —¡Compadre Rumuardo!Rumuardo
Pita Santos se asomó a la azótenla que se abría en un ala del edificio. —¡Vaya,
compadre! —exclamó en tono alegre—. Feliceh los'ojo que lo ven, compadre!En seguida, inquirió: —¿Y qué milagro
eh por aquí en mi modesta posesión? , Moneada Vera respondió,muequeando un guiño triste: —Por aquí,
compadre, andamo con er socio Piedrahíta que si'ha puesto un pocoadolescente... Y venimoh pa que noh dé usté una
posadita hasta mañana... —¡Como no, compadre! Ya sabe usté que ésta
eh su casa. —¿Onde noh'arréglame, compadre? —Arriba no hay lugar,
porque tenmoh posanteh: unoh pa-rienteh de su comadre, que hanvenido a'hacerse ver con Me-lasio Vega... Pero,
abajo, en la bodega, pueden acomodarse. —Onde se sea. —Dentre,
pueh, compadre, con la compañía; que yo vi'hacerle preparar un tente-en-pié p'al
cansancio que tren... seguro. —¡Graciah, compadre!Ramón Piedrahíta fue colocado en unos gangochos, sucios de cascaras de
arroz y de café,sobre el suelo de tablas de Banda, de pueblola bodega. Una vieja montura sirvió para almohada.
Encima del cuerpo le echaron un poncho.La mujer de Rumualdo Pita Santos —ña Juanita, una cincuentona robusta y
guapota—, bajó a apersonarse del enfermo.
Cornelio Piedrahíta quedóse a la cabecera de su padre,
pero, los músicos no entraron en la bodega, sino que se encaminaron a la orilla del
río, y en el elevado barrancal se fueronsentando,
uno al lado del otro, enmudecidos, junto a los enmudecidos instrumentos.Por un
instante, las miradas de todos convergieron enel gordo bombo que Cornelio
Piedrahíta dejara abandonado en el portal.r,jEn lo íntimo se formularon pregunta
semejante:¿Quién lo tocará, despuéh?Pero, no se respondieron.Transcurrieron así
muchos minutos, una hora quizá. Las sombras se habían venido yacielo abajo,
sobre la tierra ennegrecida, sobre las aguas ennegrecidas...En la bodega
estaban ahora, además de ña Juanita, sus hijas: tres chinas de carnes delcolor
y la dureza de los manglares rojizos... No obstante la amargura que los
embargaba,al contemplarlas Esteban Pacheco resolvió escribirles, aun cuando
fuera a las tres, unacarta de amor y Severo Mariscal creyó que había en ellas
campo abonado para elflorecimiento de nuevos Mariscales...Mas, las muchachas ni
los saludaron, siquiera.Penetraron, de prisa, en la bodega para acompañar a su
madre y ayudar al enfermo a bienmorir.Era a esto que habían bajado, porque se
escuchaban sus voces que rezaban los auxilios.Decían: —¡Gloriosísimo
San Miguel, príncipe de la milicia celestial, ruega por él! ¡Santo Ángelde su guardia: glorioso San José, abogado de los
que están agonizando, rogac por él! 131130r José de la Cuadra/Después rezaron letanías. La madre invocaba; las hijas coreaban... —San
Abel... Coro de los Justos... San Abraham SantosPatriarcas y Profetas... San Silvestre... Santos Mártires...
SanAgustín... Santos Pontífices y Confesores... San Benito... Santos Monjes y
Ermitaños... San Juan... Santa María Magdalena... Santas Vírgenes y Viudas...•-.--•4 —¡Rogac por él...!
¡Rogac por él...! ¡Rogac por él! & sí:Más
tarde, recomendaban su alma:' •" —¡Sal en nombre de los Ángeles
y Arcángeles; en nombre de los Tronos yDominaciones;
en nombre de los Principados y Potestades; en el de los Querubines
ySerafines!...Esto fue lo último. Cesaron
las voces.•:•> ,:•Los músicos se
estremecieron. ;: íApareció en el umbral de la puerta de la bodega, la figurade
ña Juanita. —¡Ya cabo!—dijo.i» =Prendido
a su falda, Cornelio Piedrahíta, ahora más pe*queño, vuelto más niño ahora,
sollozaba... ? :,: st —¡Papá...! ¡Papá...!-. •-..!•.- Nada más.
! vnLos músicos guardaron su silencio.
>>: •• ,,-,•:Y transcurrieron nuevos minutos. Parecía como si todas las
gentes hubieran perdido la noción del tiempo.Y, de
improviso, sucedió lo no esperado.Uno de los hombres —después se supo que fue
Alancay, eldel barítono—, sopló en el instrumento. El instrumento contestó con
un alarido tristón.Los demás músicos imitaron inconscientemente a su
compañero... Se quejaron con susgritos peculiares el zarzo, el trombón, el
bajo, el cornetín...Y, a poco sonaba, aullante, formidable de melancolía, un
sanjuán serraniego...Mezclábanse en él trozos de la marcha Banda de pueblofúnebre que acompañaba los
entierros de los montubios acaudalados y trozos de pasillosdolientes...Lloraban
los hombres por el amigo muerto; lloraban su partida: p^io, la hacían,
sinceros, brutalmente sinceros, por boca de sus instrumentos, en
las notas clamorosas...Mas, algo faltaba
que restaba concierto vibrante a la música: la armonía acompañadoradel bombo,
el sacudir rechinante de los platos.Faltaba. .: Pero, de pronto, advirtieron
los músicos que no faltaba ya.Se miraron.; ¿Quién hacía romper su calma al
instrumento enlutado? —¡Ah...!- ! ... Cornelio Piedrahíta golpeaba rítmicamente, la mano demadera contra el
cuero tenso. —¡Ah...!...Arriba,
Romualdo Pita Santos, desentendido del muerto, se preocupaba exclusivamentedel
tente-en-pié. Hablándole a un peón, decía: —Búsqueme, Pintado, unah
gayinah gordah. Hay que hacer una aguao. Eh lo máh mejor pa un velorio...
Después va'comprarme café pa destilar, onde er guaco Lópeh... Ah, ymayorca!. Un trago nunca está demah.Cuando oyó la
música que sonaba en el barranco, exclamo: —Han garrao estoh gayoh
la moda de la sierra... ¡Bueno!... Que haiga música... Pero, baile no
aguanto... Cuando se baila a un muerto, se malea la casa...
Falta armonìa 18/20
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